"Charla sobre teatro" de García Lorca

  2 de febrero de 1935


El teatro se debe imponer al público y no el público al teatro. Para eso, autores y actores deben revestirse, a costa de sangre, de gran autoridad, porque el público del teatro sois como los niños en las escuelas: adoráis al maestro grave y austero que exige y hace justicia, y llenáis de crueles agujas las sillas donde se sientan los maestros tímidos y adulones, que ni enseñan ni dejan enseñar. Al público se le atrae, se le engaña, se le educa y se le da, sin que él se dé cuenta, no gato por liebre, sino oro por liebre. Hay que mantener actitudes dignas, en la seguridad de que serán recompensadas con creces. Lo contrario es temblar de miedo detrás de las bambalinas y matar las fantasías, la imaginación y la gracia del teatro, que es siempre, siempre, siempre, un arte, y será siempre un arte excelso. Un gran arte que nace con el hombre que lo lleva en lo más noble de su alma y que cuando quiere expresar lo más profundo de su historia y de su ser lo expresa representando, repitiendo actitudes físicas. 

Arte por encima de todo. Desde el teatro más modesto al más encumbrado se debe escribir la palabra arte en salas y camerinos, porque si no, vamos a tener que poner la palabra comercio o alguna otra que no me atrevo a decir. El teatro necesita dinero, y es justo y vital para su vida que sea motivo de lucro; pero hasta la mitad nada más. La otra mitad es depuración, belleza, cuido, sacrificio para un fin superior de emoción y cultura. 

Y, del mismo modo que cuando un collar de perlas pierde su oriente hay que devolverlo al agua del mar para que lo vuelva a tener, cuando un arte necesita jugos hay que volver a buscar sus raíces para refrescarlas de nuevo y que surjan inéditas flores. El teatro necesita volver a la tierra para cobrar nuevos bríos. Hemos olvidado el clima de un teatro entero y al olvidarlo se nos ha convertido en agua sucia la sangre poderosa que llevábamos en las venas. 

Mis palabras las dicta el entusiasmo y la seguridad. No soy un iluso. He pensado mucho –y con frialdad- lo que pienso. Yo sé que la verdad no la tiene el que dice “hoy, hoy, hoy” comiendo su pan junto a la lumbre, sino el que serenamente mira a lo lejos la primera luz en la alborada del campo. 

Yo sé que no tiene razón el que dice “Ahora mismo, ahora, ahora” con los ojos puestos en las pequeñas fauces de la taquilla, sino el que dice “Mañana, mañana” y siente llegar la nueva vida que se cierne sobre el mundo.


Este fragmento de la "Charla sobre teatro" de Federico García Lorca 
formó parte del espectáculo "Mañana, mañana. El Teatro Inconcluso
de la compañía Cos de Lletra (2010-11).


"Mañana, mañana. El Teatro Inconcluso de Federico García Lorca."
Compañía Cos de Lletra.